Encendiste centenarios de velas
para invocar a las estrellas,
ellas viajan, ellas bajan,
tal vez te harán creer que están bajo tus pies,
pero no podrás crear constelaciones
ni modificar mi centella,
¿no fue lo suficiente radiante
como para deslumbrarte?
Yo jamás te arrancaría el corazón,
y si esperas que conmigo pueda arrancar,
será mejor que arranques tus manos de mí,
¿cómo puedo ceder
en algo que no llego a creer
ni querer?
Detente,
soy demasiado negligente,
han existido un par de demandas en mi contra
que al final demostraron mi inocencia,
estoy bien con ellos.
Todas mis copas están rotas,
tratas de sostener una
con tus manos,
como si pudieras ayudar a llenarlo,
yo solo me derramo,
no me importa el contenido,
solo que sea contenido.
Nadie tiene prisa por el vino,
y de todas formas, puedo beberlo sola,
¿maldecirás mi brindis?
la astilla del cristal me hará saborear mi sangre,
nunca estaré mejor.
Solo una vez cada mil años llego a conectar,
como un cometa,
yo solo tengo rocas y polvo,
a veces son iluminados,
y mi calidez no depende de eso.
Y como un cometa,
llevo los residuos conmigo,
me entrego al sol a media noche,
ardo hasta extinguirme,
se marchita hasta mi estela.
Mi alma es un cuerpo errante,
¿quién quiere pertenecer a una órbita
cuando puede pertenecer a todo el universo
y moverse libremente?
en lo solitario,
y descubrirse realmente a sí mismo.
No te atrevas de llamarlos “perdidos”
solo porque se mantienen a lo lejos.
Algunos son por mucho, más grandes que Jupiter,
¿no te parece asombroso?
Tal vez sea verdad y algún día
la gravedad del sol me pueda atrapar,
darme una galaxia,
pero esas cosas no se pueden forzar,
y no es algo que esté esperando o deseando,
solo una vez cada mil años llego a amar.
Y mi centella
fue lo suficiente radiante
para deslumbrarte,
no puedes tratar de convertirla en una estrella
solo porque conmigo te estrellaste.
Conociste a mis Dioses
para pedirles que te liberaran de mí,
prendiste las velas
como quien hace un ritual
y las apagaste
porque no hay nada para adorar.
Los cuerpos errantes siguien siendo cuerpos celestes, así que, nada.
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